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La presa de Monte Grande

Por Silvio Herasme Peña - 8/31/2008

Muy a principios de su primer gobierno, que se inició en julio de 1966, el presidente Joaquín Balaguer convocó a un acto masivo en Tavera, Santiago, para darle inicio a la construcción de la presa de Tavera. Siendo para entonces reportero del LISTÍN DIARIO, cubrí la ceremonia realizada en una esplendente mañana.  En su discurso de ese día Balaguer destacó la importancia de aquel embalse porque a su juicio transformaría la economía y la productividad del centro del Cibao. El célebre político llamó a las damas de la región a ofrecer sus alhajas para financiar dicha obra.

Nadie ahora tiene dudas de la importancia de la presa de Tavera en la economía del Cibao, especialmente de los campos tabacaleros de Santiago y todo el noroeste del país. Evaluar el impacto económico de esas aguas en la región, resultaría altamente positivo. Ahora, el turno parece corresponderle a dos obras que ya han sido estudiadas y analizadas en los últimos años para la región sur del país: Me refiero a la carretera San Cristóbal-Baní y la presa de Monte Grande en el enclave de las provincias Azua y Baoruco. Recordamos el momento en que el presidente Leonel Fernández le asignó la construcción de la carretera San Cristóbal-Baní al Grupo Modesto, asegurando que quedaría terminada antes de las elecciones pasadas, celebradas el 16 de mayo.

Por alguna razón técnica o falta de fondos, la carretera San Cristóbal-Baní parece que “levita en el limbo” sin que se tome una decisión rápida e irreversible para finalizar lo que falta de dicha vía ya que buena parte de la misma está muy avanzada.  

Creemos en la reciente promesa del titular de Obras Públicas en el sentido de que llevará a buenos términos en el tiempo estrictamente necesario la terminación definitiva de la carretera San Cristóbal-Baní. Otra gran obra pendiente en el sur es la presa de Monte Grande, ya evaluada y con su financiamiento otorgado por una entidad financiera brasileña, pero cuyo contrato parece estar en disputa por dos empresas de ingeniería de ese país. Los detalles del contrato de unos 300 millones de dólares que costará la presa es un asunto en cierto modo administrativo que no debería implicar el retraso de la construcción de esa obra tan definitivamente crucial para la región suroeste del país. La presa de Monte Grande es como una “bocanada de aire sano y fresco en un pulmón casi exhausto”, dadas las condiciones económicas de la Hoya del Lago Enriquillo. Hablamos de una extensión de casi 700,000 tareas de tierra en un país donde el límite de la frontera agrícola está a punto de expirar.

Es cierto que buena parte de dicho valle está constituido por terrenos sódicos y subsódicos, o salados, como se dice comúnmente en la región. Pero todo el mundo reconoce que existen nuevas técnicas para la recuperación de ese tipo de suelos como lo han hecho exitosamente los españoles de la zona de Murcia.  Desde que los norteamericanos construyeron el ingenio Barahona, allá por la década de 1920, las aguas del río Yaque del Sur fueron utilizadas para irrigar y limpiar de sales superficiales que geológicamente afectan a esos terrenos. Todavía el Barahona es uno de los ingenios más productivos del país.

 Y qué decir de la zona platanera de Tamayo y Uvillas. Otros beneficios de esa presa es que garantiza el abastecimiento del recién construido acueducto del suroeste; producirá unos 80 megavatios de energía eléctrica en base y regulará las aguas del río Yaque lo que impediría, o alejaría, la posibilidad de que se repita la experiencia del ciclón George cuando esas aguas inundaron a Tamayo y toda esas poblaciones que quedan bajo su zona de influencia.

El llamado muro de contención quedaría anulado. Me aseguraba un buen amigo barahonero, al tanto de la ingeniería hidráulica de la toma de agua para los cañaverales del ingenio Barahona, que el plano del mismo desapareció hace muchos años, pero que es posible reconstituirlo aún sin necesidad de recurrir a expertos internacionales. Sobre los suelos debo recordar que el gobierno de Jorge Blanco (1982-86) creó en Galván una estación para el estudio de dichos suelos.

Tengo entendido que también la Agencia de Cooperación Japonesa se interesó en financiar algún tipo de programa para recuperar esas tierras que pueden ser la diferencia entre la pobreza y el bienestar en el suroeste del país.  Las provincias de Barahona, Baoruco e Independencia deben asumir la construcción de la presa de Monte Grande como un asunto de vida o muerte para su futuro. Es la oportunidad que siempre han esperado y estamos en el momento óptimo para lograrlo.

La carretera de San Cristóbal a Baní y la presa de Monte Grande son las dos obras que deben consagrar las ejecuciones de obras públicas del gobierno del presidente Leonel Fernández para la región sur y los hijos de esas tierras deben movilizar cielo y tierra para lograr ese jalón de progreso que sería definitivo. Este gobierno debe hacerlo.

Y sin emular a Balaguer pidiendo las alhajas de las sureñas ñque supongo que no son muchas- el presidente Fernández debe responder a los sureños el apoyo definitivo que le han dado en sus batallas políticas. Es ahora o nunca.

 (Publicado en el Listin Diario. 31-8-08)

   
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